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sábado, 13 de noviembre de 2010

Evangelio del Día 14/11/21010


XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario


Evangelio según San Lucas 21,5-19.


Y como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: "De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido". Ellos le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va a suceder?". Jesús respondió: "Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: 'Soy yo', y también: 'El tiempo está cerca'. No los sigan. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin". Después les dijo: "Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en el cielo. Pero antes de todo eso, los detendrán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre, y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí. Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa, porque yo mismo les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir. Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus parientes y amigos; y a muchos de ustedes los matarán. Serán odiados por todos a causa de mi Nombre. Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza. Gracias a la constancia salvarán sus vidas.


COMENTARIO


Jesús alerta a sus discípulos las dificultades que van a enfrentar; parece que se acaba el mundo, pero no debe preocuparnos en demasía, porque Dios acompaña el caminar del hombre. Es ÉL el defensor, la Sabiduría; de modo que será su propia presencia -la presencia de Dios- la que actuará como proclamadora de la Verdad. San Juan será quien recoja de otro modo estas acciones de Dios y las sistematice en la persona del Espíritu Santo: defensor, intérprete, recordador, verdadero, etc.


La perseverancia, la constancia es la que nos otorgará esa salvación que viene de Dios. Si creemos que Dios nos acompaña -y así, ningún cabello de nuestra cabeza se caerá- podremos ver cómo son de caducas las cosas -la belleza del templo será una belleza pasajera- y también las dificultades. Toda esta realidad será transformada, y los justos -los que hacen la voluntad de Dios- saldrán victoriosos.


Muchas veces podemos caer en la exterioridad de los ritos, en la apreciación excesiva de la belleza material y olvidar este llamado de Jesús a ver lo más importante: el testimonio de fidelidad a Dios. Reconocer que estamos en las manos de Dios, y que tiene nuestros nombres tatuados en ellas.


DWV

Evangelio del Día 13/11/2010


Sábado de la XXXII Semana del Tiempo Ordinario


Evangelio según San Lucas 18,1-8.


Después Jesús les enseñó con una parábola que era necesario orar siempre sin desanimarse: "En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres; y en la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él, diciéndole: 'Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario'. Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después dijo: 'Yo no temo a Dios ni me importan los hombres, pero como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme'". Y el Señor dijo: "Oigan lo que dijo este juez injusto. Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, aunque los haga esperar? Les aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?".


COMENTARIO


"¿Encontrará fe sobre la tierra?" se pregunta Jesús. Por un lado, se ve la confianza de aquel que ora, que cree en que su oración será escuchada; y por otro lado, está la perseverancia en esa súplica, en esa oración. A veces podemos inclinarnos sólo en uno de esos polos: creemos que sólo basta con orar, con dirigir nuestra mirada a Dios, y no hacemos nada más. Otras, pensamos que sólo nosotros tenemos que hacer las cosas, y nos limitamos a hacer lo que creemos que podemos y nada más.


Lo maravilloso de la oración con fe es que nos permite lograr lo que nuestros esfuerzos por sí mismos no bastan, pero no sin nuestro esfuerzo, sin nuestra perseverancia. ¿Encontrará hoy Jesús esta fe, que mueve montañas, que cree en las maravillas que Dios puede obrar, o encontrará la fe achatada del hombre que cree sólo en lo que puede lograr por sus propia cuenta; o en aquellos que tienen fe pero sin obras, sin compromiso, sin perseverancia....?


Sé perseverante en la oración, busca un momento del día para dedicarlo a alabar y bendecir a Dios, para meditar su Palabra, para hacer ese silencio interior que nos abre a la escucha de la voluntad de Dios. Ensancha tu corazón para que puedas recibir las maravillas que Dios te quiere regalar.


DWV

jueves, 11 de noviembre de 2010

Evangelio del Día 12/11/2010


Viernes de la XXXII Semana del Tiempo Ordinario


Evangelio según San Lucas 17,26-37.


En los días del Hijo del hombre sucederá como en tiempos de Noé. La gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca y llegó el diluvio, que los hizo morir a todos. Sucederá como en tiempos de Lot: se comía y se bebía, se compraba y se vendía, se plantaba y se construía. Pero el día en que Lot salió de Sodoma, cayó del cielo una lluvia de fuego y de azufre que los hizo morir a todos. Lo mismo sucederá el Día en que se manifieste el Hijo del hombre. En ese Día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en la casa, no baje a buscarlas. Igualmente, el que esté en el campo, no vuelva atrás. Acuérdense de la mujer de Lot. El que trate de salvar su vida, la perderá; y el que la pierda, la conservará. Les aseguro que en esa noche, de dos hombres que estén comiendo juntos, uno será llevado y el otro dejado; de dos mujeres que estén moliendo juntas, una será llevada y la otra dejada". Entonces le preguntaron: "¿Dónde sucederá esto, Señor?". Jesús les respondió: "Donde esté el cadáver, se juntarán los buitres".


COMENTARIO


Podemos leer este pasaje del Evangelio de Lucas a la luz de la situación de las primeras comunidades cristianas que sufrieron persecusiones y vivieron las amenazas constantes de sufrir la misma suerte que Jesús, es decir, la muerte. Por eso, esta insistencia en estar preparados, en si se está en la azotea, no bajar por las cosas; o si se está en el campo, no retornar. Serán llevados -hombres y mujeres por igual- como lo fue Jesús, por la noche.


La suerte del discípulo no es distinta de la del Maestro; las consecuencias prácticas de una vida cristiana no diferirán mucho de la propia historia de Jesús. Pero esto no debe atemorizarnos, dice Él, porque quien pierda su vida por ÉL la conservará. Porque es ÉL quien da sentido a la Vida, incluidas las persecusiones, dificultades, obstáculos que puedan presentarse.


La referencia primera a Noe y al Diluvio podrían causarnos temor, y, sin duda, algunos podrán ver en este pasaje un tono apocalítico. Pero la referencia a Noe -e incluso la de Sodoma- es la obra salvadora de Dios; Dios salvará a los justos, por pocos que sean -sólo Lot o la familia de Noe-. Es un llamado entonces a la confianza en que Dios nos envía la Salvación -ahora de forma definitiva por medio de Jesucristo- pero no debemos hacer oídos sordos a su voz.


DWV

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Evangelio del Día 11/11/2010

Jueves de la XXXII Semana del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Lucas 17,20-25.

Los fariseos le preguntaron cuándo llegará el Reino de Dios. El les respondió: "El Reino de Dios no viene ostensiblemente, y no se podrá decir: 'Está aquí' o 'Está allí'. Porque el Reino de Dios está entre ustedes". Jesús dijo después a sus discípulos: "Vendrá el tiempo en que ustedes desearán ver uno solo de los días del Hijo del hombre y no lo verán. Les dirán: 'Está aquí' o 'Está allí', pero no corran a buscarlo. Como el relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre cuando llegue su Día. Pero antes tendrá que sufrir mucho y será rechazado por esta generación.

COMENTARIO

¿Cuándo llegará el Reino de Dios? Los fariseos hacen esta pregunta a Jesús, pero ellos piensan en una restauración política de Israel, volver a ser ese Reino del tiempo de David y Salomón, y vencer la dominación que los romanos ejercían en ese momento histórico. Pero no es de eso que Jesús está hablando. No es un Reino que tenga su una materialización en un lugar concreto, ostensible, sino que el Reino de Dios está ya entre nosotros. ¿Qué puede significar esto? Está en medio de nosotros, porque Dios reina en la vida de las personas que lo aceptan y creen en Él.

Los apóstoles viven una experiencia privilegiada de esa manifestación del Reino: Jesucristo, el Dios-con-nosotros, es quien manifiesta la realidad del Reino de Dios, su verdad, su justicia. Dios en medio de los pobres, camiando con ellos, transformando su realidad, devolviendo la salud, la dignidad, la esperanza, la fe. Muchos hubiéramos querido ver "un sólo día" como dice Jesús, pero no es posible. De ahí también la importancia y el valor del testimonio apostólico.

Sin embargo, Dios puede hacerte experimentar su presencia, de un modo similar a como los discípulos experimentaron la Resurrección de Jesucristo. Jesucristo vive, y quiere reinar en tu vida, porque para eso vino al mundo, como él mismo lo ha dicho, Él ha venido a ser Rey, de un Reino que no es de este mundo, o mejor, de un Reino que no se limita a este mundo, sino que lo trasciende, lo supera.

DWV

Evangelio del Día 10/11/2010


Miércoles de la XXXII Semana del Tiempo Ordinario


Evangelio según San Lucas 17,11-19.


Mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús pasaba a través de Samaría y Galilea. Al entrar en un poblado, le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia y empezaron a gritarle: "¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!". Al verlos, Jesús les dijo: "Vayan a presentarse a los sacerdotes". Y en el camino quedaron purificados. Uno de ellos, al comprobar que estaba curado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias. Era un samaritano. Jesús le dijo entonces: "¿Cómo, no quedaron purificados los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?". Y agregó: "Levántate y vete, tu fe te ha salvado".


COMENTARIO


Jesús quiere que nos demos cuenta de la importancia del agradecimiento, de manifestar interior y exteriormente nuestro reconocimiento ante la obra que Dios hace en nosotros. Esto es la Alabanza. Como gusta decir el P. Canatalamessa, siguiendo a San Pablo en su Carta a los Romanos, lo contrario al pecado no es la virtud, sino la alabanza. Si la impiedad es no reconocer la obra de Dios, lo contrario es la alabanza, que es el reconocer la obra de Dios. De ahí que el Evangelio subraye que el leproso curado "alababa a Dios en voz alta".


Pensamos muchas veces que no es propio hacer eso, que nuestro agradecimiento a Dios debe hacerse en secreto, de forma reservada...pero olvidamos que de esta manera no se pone de manifiesto que DIOS debe ser ALABADO. Y lo que buscamos es la Gloria de Dios, y no la nuestra. Por eso, no debemos temer de levantar nuestra voz para proclamar las maravillas de Dios. ¡Con cuánta facilidad levantamos la voz para gritar a otra persona, para proferir palabras ofensivas! ¡Gritamos cuando deberíamos callar, y callamos cuando deberíamos gritar!


Los Salmos son bellos ejemplos de esta proclamación, de esta alabanza que le tributan a Dios no sólo los humanos, sino toda la creación, como bien nos lo volvió a recordar nuestro Santo de Asís. ¡Alábale a Dios, grita jubiloso porque es eterna su Misericordia!


DWV

lunes, 8 de noviembre de 2010

Evangelio del Día 09/11/2010


La Dedicación de la Basílica de Letrán (Catedral del Papa)

Evangelio según San Juan 2,13-22.

Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas. Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas y dijo a los vendedores de palomas: "Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio". Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá. Entonces los judíos le preguntaron: "¿Qué signo nos das para obrar así?". Jesús les respondió: "Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar". Los judíos le dijeron: "Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?". Pero él se refería al templo de su cuerpo. Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado.

COMENTARIO

Jesús es el nuevo Templo, el lugar donde habita el Espíritu de Dios, el lugar de encuentro con Dios. San Pablo mantendrá ese palalelismo al llamarnos "Templos del Espíritu Santo", en referencia a nuestros cuerpos. Adorar a Dios, por tanto, en Espíritu y en verdad, como le decía Jesús a la Samaritana, es reconocer esta dimensión espiritual de nuestro cuerpo, no necesitamos de una presencia física de un templo para adorarle y darle culto, porque esa asoración y culto la hacemos EN nosotros mismos.

Sin embargo, la edificación física de templos, dedicados al culto, como en la fiesta de hoy, nos recuerda también el carácter comunitario de nuestra adoración y culto a Dios. Ese espacio común que nos permite orar juntos, cantar las alabanzas al Dios de la Vida, participar de la escucha de su Palabra y su instrucción, del mismo modo que recibir la mayor parte de los sacramentos, esos signos de amor que derraman la Gracia de Dios.

¡Ven, Espíritu Santo! ¡Ven a habitar en este cuerpo que necesita de ti, ven y haz tu morada en mí, embellece este Templo para que luzca radiante, como novia que se adorna en la presencia del Amado!

DWV

Evangelio del Día 08/11/2010


Lunes de la XXXII Semana del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Lucas 17,1-6.

Después dijo a sus discípulos: "Es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay de aquel que los ocasiona! Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de moler y lo precipitaran al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños. Por lo tanto, ¡tengan cuidado! Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo. Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: 'Me arrepiento', perdónalo". Los Apóstoles dijeron al Señor: "Auméntanos la fe". El respondió: "Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: 'Arráncate de raíz y plántate en el mar', ella les obedecería.

COMENTARIO

¡Cuántas cosas dejamos de hacer por FALTA de FE! Decimos: "No, eso no va a funcionar"; "No, nadie va a querer hacer esto"; "No, esto no es posible, si no, alguien lo hubiera hecho ya", y mil y mil escusas para no creer en que es posible hacerlo. "¿Podré perdonar a mi hermano, incluso si siete veces me ofende, pero luego viene arrepentido?" "Necesitaría una FE INMENSA para poder hacerlo"-debieron pensar los discípulos. Por eso quizás le dijeron a Jesús: "auméntanos la fe", para no escandalizar a nadie por nuestra falta de perdón.

Sin embargo, Jesús les dice que NO, basta con que tuvieran una pizca de FE y serían capaces de cosas inimaginables. "Si fueras capáz de mostrarte con esa misericordia, YO TE DIGO -diría Jesús- que el mal que hay en el corazón de esa persona, sería arrancado de raíz, y tu capacidad de perdonar le ofrecería un camino nuevo, no el de la violencia o el resentimiento, no el del "ojo por ojo, y diente por diente", sino el de la otra mejilla, el de decirle: "Yo SÉ que tú eres más que eso, que DIOS te ha formado, que él ha puesto gracias y dones, y bondad en tu corazón. Y porque he recibido ese regalo de SU AMOR, puedo hacer lo que otros no pueden, puedo yo también perdonarte, no sólo siete, sino setenta veces siete"

¡Cuántos no hemos caído desarmados ante la Misericordia de Dios, ante su perdón, ante las pruebas evidentes de su Amor! Si tú lo has experimentado, sabes bien que eso es así. Si aún no has experimentado la Gracia y el Amor de Dios en tu vida, dile simplemente a Él: "Señor, Jesús, tú entregaste tu vida por mí, por Amor, permíteme conocerte, amarte, servirte; por eso te abro las puertas de mi corazón para que puedas entrar en él, te recibi como mi Señor, para poder experimentar tu Gracia por toda la Eternidad. Amén".